Como mediadora he podido ser testigo de que los casos de siniestros en los que se producen daños personales, de los que resulta el pago de una indemnización por parte de una compañía de seguros, pueden ser particularmente susceptibles de mediación por la confluencia de elementos marcadamente humanos (afectación emocional, necesidad de escucha, comprensión y reparación) con factores de índole legal y económica.

Una gran parte de mi responsabilidad como mediadora es la utilización de un lenguaje sencillo, cercano y comprensible en la comunicación para que las partes no familiarizadas con términos jurídicos puedan sentirse cómodas y seguras. Una vez que entienden muchos de los conceptos que los abogados dan por sentados el entendimiento llega en muchos casos con cierta rapidez. Siendo comprensiva, empática y articulando una comunicación fluida basada en la generación de confianza, la persona perjudicada ve los intercambios habidos a través del proceso de mediación como un camino hacia una resolución justa. Los estudiosos sociales apuntan al hecho de que las personas que sienten que están siendo tratados injustamente tienden a no sentirse así cuando realmente entienden todo lo que necesitan saber sobre su particular situación. Esta es una premisa muy importante que tengo presente como mediadora en mediaciones de lesiones u otros perjuicios causados a personas.

Con frecuencia, sucede que el representante de la compañía de seguros no ha tenido absolutamente ningún contacto o un conocimiento verdaderamente cercano de la parte demandante. El lado humano del caso pasa casi siempre desapercibido cuando se alcanza un determinado estadio. Sin embargo, para las personas involucradas directamente, la afectación personal puede ser en muchos supuestos una de los puntos cruciales. Mi trabajo como mediadora es dar importancia a lo que para las personas afectadas por un problema es importante, buscar los medios adecuados para trasladarlo a todos los participantes en el proceso a fin de encontrar alternativas de solución que respondan a esas necesidades, que, tal como se ha dicho, no siempre tienen que ser exclusivamente económicas pero pueden condicionar el resultado de esta naturaleza. El tener acceso más directo e imparcial a la concreta realidad de los participantes en el proceso, particularmente por parte de los representantes de las compañías de seguros, puede abrir la senda hacia una solución satisfactoria y una mayor sensación de justicia para todas las partes.

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