Muchas personas que en principio piensan que lo que quieren es el servicio de un abogado-a para presentar una reclamación ante el juzgado pueden descubrir que lo que necesitan es orientación o ayuda en un conflicto que quizá no tenga realmente naturaleza legal. Si bien puede resultar de interés saber cuáles son los derechos y obligaciones legales, la meta fundamental a tomar en consideración reside en cuál es el objetivo más importante para la persona que sufre el conflicto y desarrollar una estrategia para alcanzarlo. La ley es solo un instrumento entre otros que pueden utilizarse para resolver conflictos.

Siempre insto y ayudo a mis clientes a analizar cuáles son sus objetivos y necesidades primordiales, y de esta forma elaborar el plan más adecuado para llegar a ellos. Mi propósito es ayudar a lograr un buen resultado, el mejor en cada caso, que no tiene por qué coincidir con el más caro para el cliente. Así, el verdadero valor de mi trabajo se mide por los resultados a alcanzar.

Yo misma soy la primera en decir que la mediación no es siempre la alternativa más adecuada para todas las personas o casos. Parte de mi cometido como profesional en el campo de la resolución de conflictos es ayudar a mis clientes a discernir cuando la mediación es o no apropiada para su problema. Sin embargo, opciones que eviten un contencioso judicial resultan en muchos casos más beneficiosas para las personas que un litigio en el juzgado, no sólo por su menor coste económico, sino porque el resultado final es cualitativamente mejor al ajustarse de una forma más integral a los diferentes aspectos de la realidad de las personas. Por ello, animo a mis clientes a considerar en primera instancia la mediación o procedimientos no contenciosos y el litigio judicial como último recurso.

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