En mi recorrido profesional como abogada y mediadora me he dado cuenta de dos cosas: La potencia de mi trabajo para llegar a soluciones satisfactorias a través de buenos acuerdos y la situación tan delicada y compleja que experimentan las parejas que se separan. Hay una tendencia en una parte de la abogacía a abordar estas situaciones tan difíciles desde el punto de vista personal de una forma impersonal. Veo la abogacía desde una perspectiva diferente: Desde una clara visión integral de la persona, con empatía y comprensión ayudo a las parejas que han tomado la decisión de separase a responsabilizarse de su propia vida y la de sus hijos. Gracias a un adecuado asesoramiento legal y económico que va de la mano de un consciente apoyo psico-emocional (contamos con la colaboración profesional de un psicólogo), la posibilidad de llegar a acuerdos sólidos que concilien las necesidades de todos de cara al futuro, sobre todo de los más pequeños de la familia, es mucho más alta.

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